La novela de J. R. Aldecoa termina con estas palabras:
“Cuando hube acomodado las maletas en el compartimiento, me asomé a la ventanilla. El tren se ponía ya en marcha. Un grupo de mujeres enlutadas decían adiós. Tuve la delirante sensación de que se despedían de mí. Las miré fascinada; un grupo compacto, inmóvil. Fueron quedando atrás, cada vez más pequeñas hasta que sólo vi una mancha oscura, un enjambre de manos pálidas y aleteantes. Un grupo de mujeres de negro.”
El azar ha querido que yo terminara la lectura de esta novela hoy, 11 de marzo de 2004, día de la salvaje masacre terrorista en Madrid. Cientos de mujeres serán desde hoy también “mujeres de negro”, “personas de negro”, “familias de negro”... ¿Algún día desaparecerá el luto por la barbarie en este mundo? Espero que en un futuro, no muy lejano, mi hija pueda decirme “mamá, ese día ha llegado”.
(Ana Manzanares R. Granada, 11/03/04)
